#Seseña: Un nuevo incendio en el Viejo Tiempo

Seseña 2Ha sido un incendio anunciado. Llama la atención que Podemos no haya hecho fuerza ecologista en un asunto tan negro. Otra mancha en su recién estrenado expediente.

El fuego, tan hermoso, se convierte en sospechoso cuando el que  lo provoca es un cementerio de neumáticos. El incendio de Seseña está siendo simbólico, tremendo y sintomático. Síntomas tenemos  ya muchos de que una época finiquitó, este es uno más. Solamente en un país demasiado confiado y despendolado se puede permitir un cementerio de neumáticos que fue creciendo como un atroz punto negro en medio de la nada y sin tener los papeles en regla, igual que lo que había al lado: el conjunto de viviendas más horribles del mundo construidas sobre un erial infame para mayor gloria del boom inmobiliario y de una persona conocida como EL Pocero, uno de esos promotores inmobiliarios que proliferaron como setas en la época del despelote monetario, uno de esos tantos que se arrimaron bien al Poder y plantaron sus bloques de ladrillos en secarrales convertidos, sin embargo,  en metafóricos verdes prados para una gallina de huevos de oro con vida efímera y comportamiento previsible. 
Era una época, aquellos primeros años Dos Mil,  de múltiples gallinas de huevos de oro en la que las gentes consumían vehículos con una facilidad pasmosa y el parque automovilístico se renovaba a una velocidad vertiginosa,  con lo que el negocio de los neumáticos se convirtió en una bicoca. Surgió siguiendo esa estela una interesante artesanía ecológica que consistía en reciclar fabricando todo tipo de complementos con el caucho reconvertido procedente de las ruedas. Pero esta pequeña artesanía no daba para absorber tanto neumático sobrante. El tremendo vertedero de Seseña creció también siguiendo esa estela.  Como las viviendas del Quiñón o el aeropuerto de Ciudad Real, han sido muestras inequívocas de un país sin pies ni cabeza deslumbrado por el dinero fácil y desquiciado por unas administraciones gruesas y escalonadas a cada cual más perversas y derrochadoras, con las autonomías a la cabeza que para eso luego venía el Estado a hacerse cargo del marrón. Difícil es olvidar una época en la que la irresponsabilidad ha campado a sus anchas, hasta el punto de convertir un vertedero de neumáticos ilegal en un monumento al dispendio que ha terminado por arder como no podía ser de otra forma. Al menos los vecinos del horrible Quiñón ya no tendrán tal amenaza al lado, quizá ahora puedan respirar más tranquilos, eso sí,  siempre y cuando la contaminación no rebase los límites.

Recuerdo que durante mi infancia en La Torre los niños íbamos recogiendo neumáticos por las casas para prender la Vieja mediando la Cuaresma en alguna de las eras que rodean al pueblo.  Era un fuego de purificación que anunciaba la Primavera, era además una bonita tarde hasta que llegaba la noche que iba poco a poco apagando las llamas provocadas por aquellas ruedas sacrificadas y bien amortizadas. Nos reíamos como niños alrededor de aquellas hogueras. En Seseña, en cambio, muy pocos se han reído. Se veían venir. El alcalde, Carlos Velázquez, lo predijo hace escasas fechas en las Cortes y pidió ayuda al Gobierno Regional hace menos de dos semanas. Ha sido un incendio anunciado ¿Y Podemos?. ¿Cómo no han hecho fuerza ecologista en un asunto tan negro?. Otra mancha en su recién estrenado expediente que invalida las justificaciones con las que irrumpieron en la política. La intencionalidad parece clara, no ha sido un accidente. Los neumáticos han ardido como víctimas propiciatorias de una época en la que los nortes no estaban demasiado claros y realmente no supimos crecer.. Así de claro.

(Artículo publicado en La Tribuna de Castilla-La Mancha con el título de Seseña, enseña)

 

 

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