Periodismo: punto límite

IMAGENNo deben funcionar muy bien las libertades cuando tenemos que hablar tanto de ellas, como está ocurriendo estos días. Primero con el bus de Hazte Oír, y ultimamente a cuenta de los supuestos acosos de Podemos a los periodistas incómodos.  Y es cierto lo que se ha dicho:  hay que distinguir el acoso, del desprecio o de la falta de respeto, pero también lo es que quien es despreciativo e insultante en lo pequeño es un acosador en potencia en lo grande, es decir, los desprecios de Podemos y sus peones en red en situaciones como las que ahora tiene la formación populista (con importantes parcelas de representación en las instituciones pero con poco poder) pueden ser graves acosos y ataques serios a la libertad de información en situaciones donde el poder se maneja directamente. Ya los vemos en países donde el populismo campa a sus anchas. Despreciar a los periodistas, considerarlos eslabones de un aparato opresor y oligárquico, va en los genes de toda formación populista. También despreciar a las instituciones representativas, en este caso de una profesión como el periodismo. Escribo esto porque la semana pasada José García Molina, secretario general de Podemos en CLM, decía desde la tribuna de una tertulia televisiva a la que ultimamente asiste en 13TV, la cadena de la Conferencia Episcopal, que la APM no representa a la profesión del periodismo por entero. Y en cierta medida tiene razón, a falta de que los periodistas nos dotemos de instrumentos más robustos y eficaces, más frescos y corajudos, pero no es menos cierto que el señor García Molina, y en general el mundo de la política, está encantado con unos periodistas desnortados que se dedican a babear en los corrillos políticos en lugar de cumplir con su función. Y Podemos ha sido de los más avezados, a pesar de su corta vida, en sacar partido de tan lamentable situación, reclutando ya a su correspondiente séquito de periodistas babeantes y pelotas como contrapunto de esos otros que resultan incómodos y a los que por lo menos hay que intentar acongoja o hacerlos el día un poco más desagradable. Yo sé lo que supone que un articulo no les guste a los entornos más combativos del podemismo que se mueven por las redes. Sigue Leyendo……

#PeriodistasAcosados (O cómo Podemos no es el único mal)

IMAGENTodavía no hace dos años que publiqué el ensayo #MasAllaDePodemos en el que denunciaba las raíces ideológicas antidemocráticas del fenómeno populista español. Escribí entonces, y lo mantengo ahora, que se trataba de un caso de “izquierda fascistizada” en una expresión que no siempre ha sido bien comprendida. La referencia al fascismo  iba más bien por las pulsiones típicas de Pablo Iglesias, y desde luego no pretendía generalizarla a la masa de seguidores del partido morado, entre los que hay miles de personas bienintencionadas.Quise decir que ante la imposibilidad de presentarse ante la sociedad como un comunismo sin careta, el Podemos de Pablo Iglesias adoptaba ya  rasgos típicos del fascismo más genuino, el inventado por Mussolini, en lo referente a recursos emocionales y también programáticos. Dos principalmente: Renunciar a proponer un nuevo modelo económico para depositar toda la confianza en un intervencionismo del Estado en la economía,  por un lado, y sustituir los mecanismos contantes y sonantes de la democracia por una indefinida democracia sentimental del pueblo en la que al final prevalece la voz de un líder que se acaba identificando, primero, con la voluntad de sus seguidores y, en la fase culminante, con la voz de la patria a la que pretende redimir. Eso es lo que quise decir cuando hablé de izquierda fascistizada en Podemos, y lo mantengo. Sigue Leyendo……