Retrato del aguirrismo abierto en canal

IMAGENCristina Cifuentes, admiradora consumada de Tintín, sabe que necesita buenas dosis de valentía para sacar adelante su propósito de desmarcarse del PP de Esperanza Aguirre. Lo sabe desde que llevó a la Fiscalía el feo asunto del Canal de Isabel II.

Sabía a lo que se enfrentaba la presidenta de Madrid pero decidió simblizar su línea divisoria, además, desmantelando el polémico campo de golf que se construyó en los tiempos gloriosos del PP de Aguirre en el parque que sirve de entorno lúdico a las instalaciones del Canal de Isabel II. No hubo ni una asociación de vecinos que lo viera con buenos ojos en su día, ni que lo considerara necesario, pero el adjudicatario de la obra era la empresa Tecnoconcret, participada por Pablo González, hermano de Ignacio.Lo de Ignacio González siempre ha sido en términos monetarios un asunto de familia, pero él políticamente es el exponente más claro del aguirrismo, junto con Francisco Granados, aunque los dos se odiaron a muerte desde el primer momento.

Esperanza Aguirre, mientras tanto, a lo suyo, aunque de momento, con dimisión o sin ella,  es realmente complicado saber donde termina lo suyo y donde comienza la espesa sombra de lo más inquietante de una etapa de la que hoy se intenta desembarazar colaborando con la Justicia  la actual presidenta de Madrid.

 El aguirrismo es hoy para los integrantes del PP un gran claroscuro del que aún no consiguen hacer un balance definitivo y reconfortante.

Lo cierto es que el juez Eloy Velasco ha abierto definitivamente el aguirrismo en canal con la ayuda de Cristina Cifuentes. Lo ha hecho poniendo el dedo judicial sobre el punto más negro de todo el entramado de poder en la CAM gobernada por Esperanza y sus hombres de confianza.

Me cuentan que esta Semana Santa Ignacio González ya se olía la intervención de la UCO durante sus días de asueto en Marbella, ese lugar donde ha frecuentado playa en sus días de vino y rosas con los Aznar y los Agag. González siempre fue un hombre aferrado a los viejos tiempos, como ya demostró en aquel congreso del PP de Valencia en 2008 en el que más chulo que un ocho se presentó a cantarle las cuarenta, de parte de Esperanza Aguirre,  a un Mariano Rajoy en su momento más débil. No sabían entonces que el gallego avanza sin moverse.

Por lo demás, parece claro que Ignacio González tendrá que olvidarse de la playa durante una buena temporada, al menos hasta que se sustancien sus responsabilidades en unos presuntos delitos que son de gran calado y que desde el punto de vista ético supondrían la privatización no de un servicio público, como defendía la mentora del imputado, sino de los beneficios que generaba una empresa pública en provecho propio y para enriquecimiento personal.

El juez Eloy Velasco lo tiene claro, aunque algunos le sitúan en un plano de animadversión especial hacia el PP desde que no fue tan grata como él quería su experiencia como Director General de Justicia de la Generalitat Valenciana, en los ya lejanos tiempos de Eduardo Zaplana. Como si quisiera ser ahora el Garzón del PP, en los dos sentidos del viaje garzoniano. Veremos.

Artículo publicado en Diario16

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