Periodismo: punto límite

IMAGENNo deben funcionar muy bien las libertades cuando tenemos que hablar tanto de ellas, como está ocurriendo estos días. Primero con el bus de Hazte Oír, y ultimamente a cuenta de los supuestos acosos de Podemos a los periodistas incómodos.  Y es cierto lo que se ha dicho:  hay que distinguir el acoso, del desprecio o de la falta de respeto, pero también lo es que quien es despreciativo e insultante en lo pequeño es un acosador en potencia en lo grande, es decir, los desprecios de Podemos y sus peones en red en situaciones como las que ahora tiene la formación populista (con importantes parcelas de representación en las instituciones pero con poco poder) pueden ser graves acosos y ataques serios a la libertad de información en situaciones donde el poder se maneja directamente. Ya los vemos en países donde el populismo campa a sus anchas. Despreciar a los periodistas, considerarlos eslabones de un aparato opresor y oligárquico, va en los genes de toda formación populista. También despreciar a las instituciones representativas, en este caso de una profesión como el periodismo. Escribo esto porque la semana pasada José García Molina, secretario general de Podemos en CLM, decía desde la tribuna de una tertulia televisiva a la que ultimamente asiste en 13TV, la cadena de la Conferencia Episcopal, que la APM no representa a la profesión del periodismo por entero. Y en cierta medida tiene razón, a falta de que los periodistas nos dotemos de instrumentos más robustos y eficaces, más frescos y corajudos, pero no es menos cierto que el señor García Molina, y en general el mundo de la política, está encantado con unos periodistas desnortados que se dedican a babear en los corrillos políticos en lugar de cumplir con su función. Y Podemos ha sido de los más avezados, a pesar de su corta vida, en sacar partido de tan lamentable situación, reclutando ya a su correspondiente séquito de periodistas babeantes y pelotas como contrapunto de esos otros que resultan incómodos y a los que por lo menos hay que intentar acongoja o hacerlos el día un poco más desagradable. Yo sé lo que supone que un articulo no les guste a los entornos más combativos del podemismo que se mueven por las redes.

La semana pasada publiqué un texto en el que, junto al apoyo a la denuncia de la APM, también escribía que, con ser grave lo denunciado, Podemos no es el mal principal que nos aqueja. No lo es cuando tenemos un oficio hecho unos zorros, donde la explotación campa a sus anchas y se han perdido empleos en los últimos años a un ritmo solamente comparable con el de la construcción. Pero esa denuncia de las condiciones de trabajo y la defensa de la dignidad de los trabajadores del periodismo no parece importarles demasiado a algunos simpatizantes de Podemos, por más que digan que ellos han aterrizado para defender a la gente que peor lo pasa. Lo digo porque en los comentarios a ese artículo tuve que leer todo tipo de insultos, por lo demás muy similares a otros que ya había recibido en otros escritos sobre Podemos. Son cosas de la nueva política, que a pasos agigantados va siendo más vieja que la pana.  Y los periodistas seguimos a lo nuestro, aguantando mecha, como si realmente no fuéramos uno de los colectivos más damnificados material y moralmente por la crisis.

Aquí, en Toledo, tenemos el caso de la de la práctica desaparición de la APTO, que a falta de colegio profesional, era una asociación representativa de los periodistas toledanos. Nadie ha protestado demasiado, tampoco el señor García Molina.No es exagerado decir que el periodismo está al borde de la muerte, convertido ya en despojo que se reparten a medias algunas empresas sin escrúpulos y con muy poca sensibilidad periodística, y unos políticos, los de la vieja y la nueva política, que han aprovechado la ocasión para convertir a los que resisten en el naufragio en voceros de sus intereses. Y si no, leña al mono, deprecio, falta de respeto y acoso. Periodistas que van ya como puta por rastrojo.

Artículo publicado en La Tribuna de CLM

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