Libertad sin prejuicio o sobre los buses que están que arden

IMAGENHemos estado durante todos estos días pasados dándole vueltas a un autobús que finalmente no circuló todo cuanto quiso por las calles de Madrid. Fletado por  Hazte Oír, organización que pretende ser católica (incluso ultracatólica) y que se hizo famosa aquí a finales de 2016 cuando intentó introducir en los colegios de Castilla-La Mancha un texto destinado a los alumnos en los que se ponía en cuestión la llamada ideología de genero, siempre ,claro, bajo los particulares postulados que rigen esta asociación. Ahora han intentado llamar la atención en Madrid con una campaña burda con la que finalmente solamente han conseguido que salgan a la palestra los facilones chistes homófonos de la España más estomacalmente populista y panderetona. Pero la campaña ha puesto también en cuestión los límites de la libertad de expresión, y no es lo mismo querer penetrar en el corazón del sistema educativo, como ocurrió con la guía escolar en Castilla-La Mancha, que pretender que un autobús de unas vueltas por la ciudad llamando la atención, bien para despertar la indignación o la aprobación de los viandantes, porque afortunadamente a los niños sería a los que les pasaría más desapercibido.

En todo caso, prohibir su circulación parece una restricción excesiva de la libertad de expresión y finalmente solamente se ha conseguido darle propaganda gratuita a los argumentos típicos de Hazte Oír,  argumentos que en gran medida son grandes empanadas mentales que rezuman incomprensión hacia lo que no es considerado “normal”, en este caso que el sentir de una persona no se corresponda a veces con el órgano sexual. No deja de ser curioso que una organización que dice fundamentarse en la religión del Amor y en los valores espirituales del Evangelio dedique todas sus energías y recursos a cuestiones basadas en la biología. ¡Qué materialismo tan atroz y que horrible contradicción!. Pero empanadas mentales y extravagancias soeces las hay igualmente en el llamado Orgullo Gay. Afortunadamente a la mayoría de las  personas hetero y homo nos une la preocupación por el precio de la luz y el pan. Nos separa las empanadas prefabricadas de las ideologías sexualistas,  ya sea la de Hazte Oír o la de el lobby gay.

Los niños/as van descubriendo lo que tienen entra la piernas, ya se lo palpan sin necesidad de que venga  nadie a decírselo, casi a ordenárselo, desde un autobús. Y a partir de ahí la orientación sexual depende de factores que tienen que ver con la educación, la genética o el ambiente en el que se haya desenvuelto una persona. Sin embargo, con el dichoso autobús se ha puesto en cuestión de forma colateral algo tan importante como la sexualidad libremente vivida: la libertad de expresión.  Y ojo cuando a la interpretación de esa libertad se le aplican distintas varas de medir dependiendo de quien haga uso de ella. Entramos entonces en un terrero peligroso. Es decir, por muy fina que se ponga Rita Maestre a decir que no es equiparable lo del autobús con irrumpir en una capilla gritando “arderéis como en el 36”, sí que lo es sobradamente, incluso lo suyo es bastante más grave pues se trata de hacer apología de la tortura y el crimen. Ojo con restar importancia a ciertos genocidios y persecuciones en la historia de nuestro país. Tengo dos antepasados que literalmente fueron quemados vivos en el 36 por las personas a las que parece ensalzar Rita Maestre, uno de ellos era sacerdote. Ninguna broma con esto y más respeto a los descendientes de esas víctimas. Casos así ocurrieron a miles en toda la provincia de Toledo y no se debería ya estar hablando de ello, y así debería seguir siendo entre nosotros salvo que el señor García Molina siga empeñado en borrar una parte de la historia con su particular, parcial y rocambolesco proyecto podemita de “memoria democrática” para Castilla-La Mancha. Entonces se abrirán todas las heridas y todas las tumbas. Todas.

Artículo publicado en La Tribuna de Castilla-La Mancha

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