La voz de Castilla

IMAGENHay algunas  referencias en las crónicas toledanas al acto que tuvo lugar en homenaje a Juan de Padilla y por extensión a los comuneros de Castilla. Una pequeña marcha partió desde la plaza de Zocodover hasta la plaza de Padilla  donde hace dos años se inauguró una estatua al comunero toledano. Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado fueron la voz castellana en un periodo apasionante de nuestra historia en el que el emperador Carlos, nieto de Isabel y Fernando, se ponía al frente de uno de los imperios más grandes jamás conocido, pero al mismo tiempo sostenido en gran medida por una tierra castellana convertida en centro y alma de aquella Corona Hispánica en cuyos dominios nunca se ponía el sol.Los comuneros se levantaron en armas reclamando que nuestra tierra no fuera utilizada con abuso en la ingente obra imperial de Carlos. La rebelión fue sofocada y los comuneros  decapitados en Villalar. María Pacheco, la esposa de Padilla, tomó el testigo pero poco a poco Castilla, que siguió derramándose en el servicio a España, se fue desdibujando. Curioso que la región más emblemática de la realidad española sea a día de hoy la que menos conciencia de si misma tiene. Los integrantes de la llamada Generación del 98  sostenían que tanto amó Castilla a  España que se olvidó de ella misma.

En estos días de intensa convulsión, cuando Cataluña reivindica su identidad incuestionable con fines torticeros, nosotros, castellanos divididos en varias de las actuales comunidades autónomas, no decimos nada. Al acto de homenaje  a Padilla y los comuneros referido al principio de este artículo se sumó el escritor Lorenzo Silva, castellano de ascendencia salmantina y Premio Planeta en 2012. Y dijo con mucha razón :“ La voz de Castilla se debe escuchar más en estos momentos de reconstrucción. Ahora que se escucha mucho a otros, parece que la voz de Castilla ni existiera ni fuera relevante, cuando desde siempre ha sido una pieza básica de la construcción de lo que tenga que ser nuestro país”. Efectivamente Castilla, ahora dividida y sin conciencia de si misma, no se plantea tener una voz común, o al menos minimamente coordinada, en el futuro de España. No ocurre lo mismo con Cataluña que explota hasta el máximo y con éxito la idea de los “països catalans” hasta el punto de que ya hay programado para el  mes de marzo una acto conjunto de Cataluña, Baleares y Valencia para reclamar deudas al Estado y marcar territorio de “catalanidad”.

Es cierto que uno de los grandes defectos de nuestra estructura autonómica es  pretender sentar en pie de igualdad realidades como las catalana con otras como lo que pueda ser, por ejemplo,  la región de Murcia (que en algún momento estuvo integrada a efectos políticos en una más amplia región levantina), pero no es menos defectuosa la infravaloración en el diseño de Castilla como tal, sin la cual España no se puede entender de ninguna manera. Y eso es algo que se pone de manifiesto en esos actos comuneros cada vez menos minoritarios y marginales, actos en los que el genuino y encarnado pendón de Castilla une a todos los castellanos dispersos en varias autonomías. Algo se está moviendo para bien y para mal, algo está despertando. Castilla nunca se pondrá en pie de guerra contra España. Sería ir contra ella misma y su propia historia, pero seguramente necesita reivindicarse en un sentido positivo porque en España hay varias identidades profundas y la catalana, la vasca o la gallega no son las únicas. Padilla era de Toledo, los comuneros de Castilla quisieron poner límites y no lo consiguieron. España siguió adelante y ahora estamos en un punto en el que se imponen también algunos límites y una cierta razón comunera. Para bien de España.

Artículo publicado en La Tribuna de CLM

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